LOS RITUALES SOCIALES

Revista Latinoamericana de Historia y Ciencias Sociales

domingo, 15 de septiembre de 2013

Entrevista a Rigoberta Menchu

"Un premio Nobel no puede estar a favor de una invasión"

La líder guatemalteca abrió ayer el Foro Internacional sobre los Derechos de las Mujeres. Habló de Obama, la paz amenazada en Siria y los desafíos de la agenda de género en su aguda visión.

La Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú encabezó ayer, junto a su par Adolfo Pérez Esquivel, la apertura del Foro Internacional sobre los Derechos de las Mujeres, que se desarrolla en la ciudad de Mar del Plata. 
En diálogo con Tiempo Argentino, la líder indígena guatemalteca habló sobre la posible invasión a Siria, la vulneración de los organismos internacionales de Derechos Humanos, la equidad de género, el juicio a José Efraín Ríos Montt y señaló: "Estuve muchísimos años en la ONU hablando de comas y puntos. Y al final salí frustrada. Porque ya hay muchas normas y convenios. Demasiados textos. Tenemos que ir a la acción." 
   
–¿Cómo promover la paz en un contexto de inminente invasión a Siria?
–Hemos sido contundentes contra Kissinger, Reagan, Bush padre e hijo. Pero también en contra de las instancias que se crearon para hacer la guerra, como la OTAN. Incluso la gran preocupación de América Latina es que algunos países están dispuestos a participar en las intervenciones de la OTAN. Sabemos qué pretenden los poderes. Seríamos cómplices si no reaccionáramos. Adolfo hizo una carta muy ilustrativa al presidente Obama, que firmamos varios premios Nobel. No estamos presionando a un jefe de Estado, o a los poderes militaristas o fascistas de Estados Unidos. Estamos hablándole a un colega para que use su doble rol. Recordarle que un premio Nobel no puede estar a favor de una invasión, ni mucho menos de una intervención. No se corresponde con nuestra conciencia universal de paz. Obama debe incidir en su rol de presidente. Porque él, además, proviene de la larga lucha del pueblo negro. Le hemos dicho: ‘Ojo, la decisión va a repercutir en la historia de pueblos que tienen que ver con usted.’ Es un llamado ético, poderoso, en un contexto en el que la humanidad está quieta, y no lucha contra el militarismo. Mientras exista este panorama, mientras la guerra siga siendo un negocio todos podremos ser víctimas. No sólo Siria, Irak o Haití.

–¿Qué opina del rol de los organismos internacionales?
–Esperamos que Obama deposite todo tipo de apoyo para que la ONU juegue un papel independiente, pleno, soberano y sin presiones. Porque cuando los países se entrometen y se disfrazan de Naciones Unidas, la ONU no cumple su papel. Hoy las instancias mundiales están vulneradas. Debemos rescatar a la ONU, exigir que sea mediadora, que cumpla con su propósito. El Consejo de Seguridad tiene que jugar una carta, aunque no confío en que pueda tener esa capacidad.
–Usted habló de una cultura de la paz, ¿qué implica?
–La paz es un tema de educación que le permite al ser humano valorar otras formas de resolver controversias. No se puede si no hay un código de respeto. En el exceso de materialismo, vale más un arma que la vida de una persona. Sólo se busca acaparar los bienes de una nación. Es una lástima que todas las instituciones que en algún momento pudieron haber evitado que la paz se convirtiera en sinónimo de guerra, no lo hayan hecho. Y estoy hablando incluso de las instituciones religiosas. Porque las religiones nacieron por un concepto de paz diferente. ¿Qué paz voy a reclamar como cristiano si lo que se ha permitido es la guerra? Ahí hay una doble moral.
–¿Cómo se vincula la paz con los derechos de las mujeres?
–Quienes tomaron las decisiones de ir a la guerra fueron los hombres. Afortunadamente, son pocos los casos en que las mujeres invadieron con tropas. Las mujeres nunca fueron colonizadoras, ni jefas de batalla. En los últimos años nos sentimos orgullosas de las mujeres guerrilleras que se alzaban y cargaban un arma en la montaña. Me refiero a la parte social, la rebelión contra las dictaduras. Pero las mujeres siempre han sido espectadoras y víctimas directas. Los delitos más espeluznantes, como el femicidio y feticidio, están vinculados a la crueldad contra las mujeres. Hoy tenemos que apostar por nuevos liderazgos y no veo paz si no hay equidad de género, equidad étnica y generacional.

–¿Cuáles son los desafíos más urgentes en la agenda de las mujeres?
–Para una agenda perfecta debemos poner en práctica este sistema de equidades. Porque de lo contrario se hace una lucha contra los hombres. Hoy debemos abrir un nuevo capítulo, uno más pragmático. Hay mujeres que parecían grandes progresistas, luchadoras incansables por sus derechos, pero vemos que son racistas, autoritarias. Creo que hay que hacer una lucha más integral. Hoy hay diversas demandas por la tierra, el salario justo, la participación política. Las mujeres ya no somos la mujer, ese prototipo que nos habían puesto. Por eso, tenemos que confluir en una agenda común. Si estamos en contra de la exclusión, debemos transformar a las instituciones públicas para hacer políticas con presupuestos y transparencia. Hay temas que son de la sociedad y tenemos que estar presentes en ellos.

–¿Cómo vivió la condena a José Efraín Ríos Montt y luego su anulación?  
–Durante 33 años de mi vida he pedido justicia en cualquier tribunal del mundo y he hablado de la verdad de las víctimas. Lo que más deseaba era ver a las víctimas delante de unos jueces, y a los victimarios sentados del otro lado. Cuando vi ese escenario, me di por satisfecha. Porque la verdad que defendí no es una verdad en la calle, sino de un tribunal. Parte del expediente de Ríos Montt está en la justicia de España. En 1999, presenté una demanda y he logrado que se acreditara la verdad del genocidio en todo el país. El juicio contra Ríos Montt es el comienzo. El final no lo veremos porque la justicia no está preparada para juzgar el genocidio, porque la impunidad prevalece. Pero la causa está en un tribunal y eso no se puede borrar. Esa sentencia quería verla antes de morir y así ocurrió. «


 

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